11 feb 2009

El hada


Se elevaba el hada junto al nimbo de la exaltación que cercaba todo su cuerpo. Acarreaba una expresión en su rostro insuperable y pura.

¿Qué había acaecido con aquél ser? ¿Quien le había donado aquella nueva sonrisa que aderezaba su rostro?

Florecían de su ser lágrimas, dulces como el arco iris, dóciles como el aura del mar, delicadas como el alma de un infante.

Sollozos de felicidad y adhesión al concebirse seducida por esta nueva representación de amor.
Profusos titubeos invadían su corazón. ¿Qué había acontecimiento para alcanzar tanto amor? ¿Era este el fruto que afloró después de tanto desconsuelo?

Golpeaba la brisa su semblante y en su espíritu nacían flamantes anhelos, inmaculadas esperanzas y lozanos motivos para vivir.

Se admitía bienaventurada de lo que estaba hallando en este nuevo infinito y lo vivía. Vivía a plenitud todo esto que estaba sintiendo.

Era incomparable, todo era diferente, ya no profesaba tanto miedo, ya esas ataduras que tenía se marchaban de su existencia.

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