11 feb 2009

Tu historia no tiene fin, mi pequeña hada...


Era tanto el daño causado al hada durante aquel verano, que tuvo que desplegar sus alas esa tarde apenas comenzaba a asomar el otoño sus primeros vientos de amor.

Mientras iniciaba su vuelo pasaron por su mente los detalles de todo aquello que dejaba en aquel rincón, que momentos tras había abandonado.

Empezar, empezar en otro rincón, pero ¿cómo se lograba pasar del odio al amor tan bruscamente? ¿Cómo olvidar y dejar atrás el lugar en donde se fue feliz? ¿Cómo no volver al lugar donde se fue amada?

Tantas preguntas atravesaban su mente mientras el viento acariciaba su rostro, acariciando así cada facción, rozando cada parte de su cuerpo, un cuerpo que fue idolatrado y ahora había sido herido.

En la vida existían dolores, pero nada era más doloroso que el alma de una hada herida y traicionada, pues nada fue más puro que el amor que un día fue profesado por esta.
Y la pregunta que embargaba su mente ¿A dónde ir? ¿A dónde marcharse sin huir de la realidad? ¿En donde buscar lo que le fue arrebatado?

Sus alas estaban heridas, en un principio fueron acariciadas, pero esas caricias se convirtieron en dolor, pues le fueron arrancadas sus plumas al paso del tiempo, y cuando lograron la confianza ataron sus alas.

Dolorosa sensación sintió la diosa de la libertad al ver sus alas atadas, al sentir que le estaban arrancando de su corazón lo que le pertenecía.

Salió de su alma un grito de dolor ahogado en el silencio, salió de su ser la desesperación al no poder volar de nuevo.

Pero hubo algo más fuerte, un sentimiento más grande que no la dejó hundirse en el abismo de la desesperación; salió del fondo de su ser ese espíritu de aventura, esa gran mujer que habita dentro de cada hada.

Fue en ese momento donde empezó a volar, donde descubrió el poder del amor interior, donde descubrió que no estaba sola. Muchas hadas también fueron heridas pero encontraron de nuevo el camino a la felicidad.

No, la historia no acaba aún, no acaba porque dentro del hada existía la libertad, existía la cura para sus alas heridas y tenía el poder de hacerlas crecer de nuevo pero con más poder.
En aquel lugar en donde un día hubo alas, brotaron de nuevo otras, igual de sedosas pero más fuertes, alas de un material de belleza similar al cristal pero con la fortaleza del acero.
Ya las alas no eran arrancadas por el engaño, sino que eran desgarradas cuando dolían por la misma hada: porque ella aprendió a luchar con su dolor, aprendió a vivir con él, a transformarlo en vida y enseñanza, a hacer de cada eslabón de los recuerdos, la piedra angular de su vida.
Aprendió a ver el alma de los seres a través de los ojos del amor y la piedad. Aprendió a no ocultar el rostro, sino a enfrentar las tempestades, encarar la tormenta de los recuerdos que punzaban su corazón. Aprendió que había un tiempo para todo, aprendió al lado de quien volar, en quién confiar y a quien amar. Aprendió a disfrutar los pequeños detalles que hacían grande su ser, a volar sin miedo a caer y ser lastimada de nuevo.

Encontró el arco iris de su vida depositado en cada gota de rocío al amanecer, hallado en cada sonrisa de duendes, en cada sueño hecho realidad, en cada promesa cumplida y en cada espacio de soledad. Descubrió la capacidad de sentirse amada sin importar si ella no amaba, en ella nació esa libertad.

Aún no termina, lo que sigue y el final esta en tus manos, y yo solo soy otra pequeña hada que recorre el camino junto a ti y que al verte a los ojos descubre la sencillez de tu alma, otra hada que se ofrece a través del silencio a curar tus heridas.”

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